sábado, 31 de octubre de 2015

Danza de Isis




Bailarina egipcia prosternada ante la imagen de la diosa. Papiro antiguo.
Bailarina egipcia prosternada ante la imagen de la diosa. Papiro antiguo.
En el antiguo Egipto  las bailarinas pertenecían al templo de Isis, en cuyo honor bailaban. Isis, diosa principal del panteón egipcio, esposa de Osiris y madre de Horus, representa la maternidad y la fecundidad. Es una divinidad lunar. Su danza se caracteriza por el despliegue de unas grandes alas de tejido finísimo que pueden ser doradas, plateadas o multicolores. La bailarina las lleva sujetas a los brazos, y cuando los alza por encima de su cabeza, los extremos de las alas se abren y se unen ofreciendo un espectáculo sublime. Así, evoca el esplendor de la luminosa deidad.

Características de la danza: los movimientos








La danza del vientre está basada en la idea de continuidad, de fluidez. Es por ello que predominan los movimientos suaves y ondulatorios, combinados con vibraciones cortas y rápidas o bien más grandes y marcadas. Es un baile en el que participa todo el cuerpo, aunque la mayor parte del movimiento se localiza en las caderas, los músculos abdominales y la pelvis. Se basa en la disociación de movimientos, aprendiendo a aislar las distintas partes del cuerpo para crear distintas figuras y ritmos, que más tarde pueden ser combinados para construir diversas composiciones.

    Para comenzar a trabajar, se corrige la postura: la espalda debe de estar recta, los hombros alineados con la cadera y la cabeza alta. La bailarina debe tomar conciencia del trabajo que va a realizar, y sentir que "crece", de forma que su cuerpo se prepara naturalmente y "gana altura". Este hecho es, evidentemente, más psicológico que físico, pero necesario para lograr una correcta concentración y realización de los movimientos.

    Empezando por la cadera, se aprende a aislarla del resto del cuerpo para crear figuras circulares. Después se trabaja el vientre como lo hacen los yoguis: jugando con el aire, para finalmente armonizarlo con el movimiento del cuerpo. Es importante lograr un movimiento "limpio" y puro, ya que será la base sobre la que creemos combinaciones y ritmos.

Además de las ondulaciones del torso, creando figuras como el camello, las caderas describen líneas rectas y símbolos del infinito (ocho y maya); los hombros describen olas o acompañan el movimiento con acentos, al igual que el cuello se mueve sutilmente, siguiendo el ritmo del cuerpo.








Los brazos y las manos son un elemento vital en esta danza: cuando no se trabajan específicamente deben estar siempre colocados en una posición armónica para no romper el equilibrio. El baile con los brazos abarca un enorme margen de posibilidades, y es tan expresivo que suelen limitarse los movimientos restantes, para que la atención no se disperse a otras partes del cuerpo -si bien no debe descuidarse la posición del cuerpo, y se puede acompañar el trabajo de las extremidades con movimientos de cadera, vientre o cuello-. El trabajo con las manos es muy elocuente; por medio de éste podemos transmitir diversos mensajes y reflejar distintas emociones.

La danza del vientre se baila con los pies descalzos, para facilitar la conexión con la tierra. Los pies, sin embargo, no toman el mismo protagonismo que en otras danzas: el paso es ágil y ligero, para facilitar desplazamientos y giros, aunque también se pueden marcar acentos. En variedades como la danza gitana o la tribal el trabajo de los pies se hace más presente.

    Por último, cabe destacar la importancia de la expresión del rostro, que puede culminar el trabajo corporal si se encuentra acorde con el mismo, o bien deslucirlo por completo, si es rígida y poco natural.

    La danza oriental desarrolla las posibilidades expresivas del cuerpo, de manera sutil y suave; no venciéndolo, sino pidiéndole su colaboración, lo cual genera un sentimiento de satisfacción y equilibrio.

Origen de la Danza del Vientre

Origen de la danza del vientre





La danza del vientre tiene un origen tan incierto como discutido, siendo una de las danzas más antiguas del mundo, que combina elementos de diferentes países del Medio Oriente y Norte de África.

    Se cree que tiene su origen como forma de ritual pagano de culto a la fecundidad. Algunos expertos apuntan a Grecia para situar su surgimiento, concretamente en las danzas esotéricas practicadas como parte de los rituales de ofrenda a los dioses.

    En las antiguas culturas del Mediterráneo y el Asia Menor, se preparaba a las mujeres a través de esta danza, que trabajaba espíritu y cuerpo, principalmente los músculos del abdomen y la flexibilidad de la cadera. En Egipto alcanzó su máximo esplendor, por lo que suele señalarse este país como cuna de la danza oriental; las vírgenes eran instruidas en este arte como preparación para la fertilidad, y su práctica tomó un importante papel en la realización de los ritos religiosos. Otros ritos similares tuvieron lugar en Mesopotamia, Fenicia, Egipto, Arabia -donde la danza era considerada sagrada y no podía ser vista por los hombres-, Chipre y la India.

    Durante el s. IV d.C., el Cristianismo y el Islam pasaron a dominar el Medio Oriente. A pesar de adaptar ciertas ceremonias paganas, los rituales de culto a las diosas fueron destruidos y se trató de suprimir la existencia de las danzas femeninas relacionadas con la sexualidad y fertilidad.

    Sin embargo la danza persistió, aunque con connotaciones bastante más peyorativas, en países como Egipto, a través del trabajo de dos tipos de bailarinas: las ghawazee (gitanas), que bailaban al aire libre para público de baja clase social, y las awalim -más respetadas-, que actuaban en las residencias de los ricos.

    En los países árabes esta danza se denomina Raks Sharki -que significa Danza Oriental-. Su denominación "danza del vientre" fue acuñada por los europeos que en el siglo XIX llegaron a estos países y descubrieron un baile de estilo y movimientos totalmente diferentes a los de las danzas conocidas.

    En 1930, se abrió en El Cairo el Casino Badia, una sala de fiestas que comenzó a difundir la danza. Pronto ganó gran popularidad y se produjeron películas protagonizadas por bailarinas, que llegarían a convertirse en famosas estrellas de cine, como fue el caso de Tahia Carioca, Samia Gamal, Naima Akef y Nadia Gamal.

    La danza del vientre forma parte actualmente de la cultura de la mayoría de los países árabes, y se encuentra especialmente desarrollada en Egipto, Líbano y Turquía. Existe además, en Occidente, un creciente interés por este baile, que ha llevado a la apertura de escuelas y a la aparición de numerosas y prestigiosas bailarinas. Algunas odaliscas famosas de hoy son Fifí Abdú, Nagwa Fouad, Amani, Mona Said, Dina, Laila Haddad o Soraya Hilal.

Pese a lo común que es relacionar la danza del vientre con el mundo enigmático y exótico de los antiguos harenes, es importante resaltar su sentido como medio idóneo para propiciar la unidad entre el cuerpo y el espíritu, y como vía de exaltación de la parte femenina de los dioses, relacionada con la belleza, la intuición, la fecundidad y la concepción.

    Es aquí donde reside su diferencia respecto a otras danzas, y de donde radica su carácter contradictorio. El dualismo entre esoterismo y erotismo, y su simbolismo como máxima expresión de la divinidad femenina la convirtieron en objeto de mala consideración e infravaloración, pero también de inevitable atracción.

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miércoles, 28 de octubre de 2015